Alfonso Nino

Mi carrera como doctor me ha permitido ver de cerca todos los peligros a los que diariamente estamos expuestos y entender la importancia de estar preparados y protegidos ante cualquier eventualidad. Recuerdo que el 2000 adquirí un seguro de autos por primera vez.

En Marzo del 2015, compré un nuevo auto y lo aseguré con Pacífico, la verdad es que nunca tuve ningún tipo de incidente en toda mi vida. Pero dejé de estar invicto en diciembre de ese mismo año cuando tuve mi primer accidente vehicular.

Estaba junto a un amigo doctor regresando de realizar una consultoría en la ciudad de Ica y todo iba muy bien hasta que, a la altura del último peaje de la Panamericana Sur para llegar a Lima, nos chocaron.

Estábamos en el carril central cuando de pronto un tráiler que tenía una carreta se metió intempestivamente al lado derecho. El tráiler golpeó mi auto en el lado izquierdo y el impacto fue tan fuerte que perdí estabilidad y salí del carril. Se rompió la llanta y esto hizo que nos arrastrara unos metros más allá.

En ese momento vi mi vida pasar en un segundo y sentí que ese instante era interminable.

Al mismo tiempo recordé que mi amigo iba de copiloto y me sentí con tanta responsabilidad que dije “nada malo nos va a pasar”. No sé qué maniobra hice, pero el carro paró y me di cuenta que estábamos vivos. Nada nos pasó, estábamos ilesos; lo único dañado era el auto, y en ese momento era en lo que menos pensaba. Ambos estábamos bien y eso era lo importante.

Paralizamos el tránsito por unos momentos. Los vidrios de mi carro y los cerámicos que transportaba el camión se mezclaban triturados en la carretera. Mi auto tenía una abolladura en la parte delantera y la llanta salida. ¡Vaya susto que nos llevamos!

Mientras llamaba al seguro y la policía el tráiler aprovechó para darse la fuga. Evadió toda responsabilidad y se marchó. Eran aproximadamente las 4 de la tarde cuando el accidente ocurrió y el seguro llegó en menos de media hora al lugar, incluso antes que la policía.

Me sorprendió la rapidez y calidez humana de la persona que me asignaron, pues había que hacer varios trámites, irnos a la comisaría más cercana, remolcar el auto, hacer dosaje etílico, denuncia, etc y en ningún momento me dejó solo. Permaneció conmigo hasta cerca de las doce de la noche. Me sentí acompañado y protegido.

Otra sorpresa me llevé al día siguiente en el taller cuando el diagnóstico de mi carro fue pérdida total. Me explicaron que el accidente fue grave para el auto y se habían dañado muchas partes internas que no tenían solución. Cuando escuché esto las dudas cruzaron mi mente: “¿perdí mi carro?, ¿quizá el seguro no cubrirá este daño?”. Todo se transformó en preocupación e incluso pensé “¿y ahora cuántos años tendré que litigar por esto?”.

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