El cáncer puede afectar a una persona, pero, indirectamente, también lo hace con sus seres queridos. La enfermedad desafía y deja muchas enseñanzas en todos ellos.



El parto de Luciana: La mejor experiencia de mi vida, pero casi desestabiliza mi presupuesto familiarSucedió al final de una tarde de domingo, en una reunión familiar, cuando la conversación ya se hacía monótona y los temas empezaban a repetirse. De pronto, ella se paró, miró de lado a lado a todos los presentes y nos dio la noticia que esperábamos desde hace un tiempo: “el doctor me dijo que ya estoy curada: ¡lo superé!, ¡lo superamos!”. Mamá se refería al cáncer de colon que había padecido, contra el que la familia se unió como un solo puño.



Su diagnóstico temprano y tratamiento oportuno fueron los factores que permitieron esta recuperación, la cual, de acuerdo con la Sociedad Americana de cáncer, alcanza el 90 % en estadios iniciales. La prevención, que siempre ha practicado, fue clave para sobreponerse a la enfermedad.



Todos la abrazamos y ella reía entre lágrimas. Si bien durante todo el proceso trató de estar alegre, ahora lucía una sonrisa espontánea, relajada y despreocupada. Nos decía que nunca dudó, que siempre supo que ella sería la vencedora. Mamá estaba feliz, y nos hacía feliz a todos.



Atrás quedó tanta tristeza y tantos momentos de gran susto. Recuerdo muy bien el día que decidió contarnos sobre su enfermedad, la cual afecta a 4000 nuevas personas cada año en el país, de acuerdo con el último reporte del estudio Globocan 2020.



Empezó diciendo que nos tranquilizáramos y escuchemos atentamente. Mi hermano Julián y yo intercambiamos miradas, extrañados. Mi mamá nos contó que, como todos los años, había acudido a su chequeo preventivo contra el cáncer, que tiene programado gracias a su Seguro Oncológico. Julián y yo, muy preocupados, ya intuíamos lo que nos diría. Mamá, muy calmada, mencionó que le realizaron una colonoscopia y le habían detectado cáncer de colon. “Pero todavía es posible combatirlo, hijos. Tendrán a su mamá para largo rato”, nos aseguró.



Mamá tiene 65 años y siempre fue muy precavida. Desde que yo era pequeña, nos inculcaba la prevención y repetía que estudie para no desaprobar los exámenes, que no coma muchos dulces para evitar las caries y que mire a ambos lados de la calle al cruzar la pista para no sufrir accidentes. “Prevenir es mejor que lamentar”, decía siempre, en todo momento.



Desde que su hermana Antonia falleció por el cáncer de colon, hace 8 años, ella decidió pasar por revisiones anuales para descartar o detectar una neoplasia en estadio temprano, lo cual le brindaba un porcentaje más alto de recuperación. Esa característica ha hecho que ahora esté recuperada y tranquila, y que permanezca más años junto a nosotros, su familia.



El tratamiento que nos unió como familia



Todos los que visitaron a mi mamá durante ese tiempo decían que no parecía enferma. Nunca estaba triste y siempre bromeaba. Hasta contaba chistes poniéndose a ella como protagonista. De alguna manera, nos contagiaba esa actitud y nos daba más esperanza de que pronto se recuperaría.



Veinte días después del diagnóstico del cáncer, a mamá la sometieron a una cirugía laparoscópica para extirparle los pólipos. Los días siguientes, la vimos muy cansada, pero aún así se esforzaba por sonreír. “La batalla recién comienza y la ganaré. No se preocupen mucho, por favor”, decía.



Yo trataba de mantenerme fuerte a su lado. Pero cuando estaba en mi casa, muchas veces lloraba de impotencia y tristeza. No quería imaginar una vida sin ella. No iba a soportar la ausencia de mamá. Me esforzaba en no ser negativa, pero esos pensamientos me atormentaban durante todo el proceso.



Acabo de cumplir 35 años y tengo miedo de que, en unos años, me detecten esta enfermedad. La Sociedad Americana de cáncer asegura que hay más probabilidad si existe un antecedente familiar con este tipo de neoplasia. Después de darnos la noticia de su recuperación, mamá me llevó a un rincón de la casa para decirme que me debo cuidar más. “Empieza ya a hacerte chequeos preventivos como yo”.



Debido a la experiencia de ella, he decidido también hacerlo. Para ello, en primer lugar, voy a contratar al Seguro Oncológico de Pacífico para estar más tranquila. Para mi madre fue un gran apoyo no solo en los exámenes preventivos, sino también durante todo su tratamiento, al cual accedió de forma gratuita. El seguro, me explicó mi mamá, brinda muchos beneficios, tal como lo detallo a continuación:




 



Mamá nunca tuvo síntomas de cáncer de colon, como molestia abdominal, fatiga, diarrea o sangre en las heces. A excepción de los antecedentes familiares, no habría motivo por el cual preocuparse. Fue su actitud de prevención la que permitió detectar la enfermedad a tiempo y salvarle la vida.



La sonrisa nunca se le borró, pero todos sabíamos que solo la hacía para que evitemos preocuparnos. Cuando nos dijo que ya había superado el cáncer de colon, le dije a mi hermano Julián que ahora sí había recuperado la sonrisa con la que crecimos: una llena de seguridad, esperanza y alegría. Mamá nos seguirá acompañando más años, como nos los prometió.